Enamorada de un muerto.

Hoy me encontré ante la desesperada necesidad de hacer algo diferente, un poco alejado de mi costado literario (aunque no tanto porque, literario o no, es mío)

Todas las mañanas, entre el café y el jugo de naranja pienso en mí. Esos minutos en los que dejo descansar a mi estomago, antes de hacerlo caer en la trampa mortal del acidez, despierto mi cerebro pensando, casi siempre, en mis primeras veces. Las pienso con cuidado, porque tengo 17 y muchas todavía siguen frescas.

Esta mañana, fue el turno de mi primer amor. Sobrevolé rápido la isla desierta del romanticismo, un poco más lejos vi los ojos de mamá, saludé con un poco de nostalgia a mi primera mascota y finalmente aterrice en la literatura.

Los primeros años de mí vida, leí porque era fácil y porque me daba una excusa para estar sola, pero más que nada porque había escuchado que la gente que leía era inteligente. Empece a juntar plata para comprar las ediciones alfaguara, que en ese momento salían $32 en mi librería favorita, y los devoraba en una noche. Mi favorito era Chaucha y Palito de María Elena Walsh, que fue algo así como una tercera abuela lejana, que en vez de traerme caramelos o lapices de colores, me traía historias.
Pero fui creciendo, y empece a  comprar caramelos sola, y también a buscar mis propias historias. Y fue ahí que lo conocí.

Estaba en un libro finito, chiquito, en una de esas ediciones baratas, de colegio público, esas con portadas horribles que poco tienen que ver con el contenido, pero estaba aburrida en una de mis clases de literatura y mi profesora me lo dejó disimuladamente arriba del escritorio.

Por un par de horas no me moví de la silla, ni siquiera para salir al recreo, y con cada palabra lo único que podía pensar era como el mismo mundo en el que yo vivía, había sido la casa de una mente tan brillante, que con tan poco podía crear un mundo irracionalmente fantástico. Y me dio bronca. Bronca de no haber sido yo la autora de esas palabras cotidianas y llenas de polvo, que de alguna manera empezaban a brillar.

Cuando llegué a casa esperé a mamá, eterna enamorada de García Marquez, y le conté de mi descubrimiento con los ojos bien abiertos. Me encontré con una mirada de orgullo mezclado con un poco de condescendencia. Así, me señaló la mesa del siempre apagado televisor, que funciona más como biblioteca, y me dí cuenta que siempre había estado ahí.

“Julio Cortázar. Cuentos Completos. Parte 1”

¿Cuántas veces había visto ese simpatico y mortal cigarrillo prendiendo de su boca? ¿Cómo podía ser que nunca hubiese reparado en esa mirada que ahora no podía dejar de ver?

Me hubiera gustado que eso hubiese sido todo por el día, que sólo fuese alguien más para leer los domingos aburridos. Pero esa noche mamá sacó la tabla, la plancha, prendió la computadora y puso en YouTube: “Cortázar lee a Cortázar”. Y desde el primerísimo de los segundos, estoy enamorada de un hombre muerto.

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3 thoughts on “Enamorada de un muerto.

  1. Leo algo de mí en vos. Perdón por la proyección, es que es más fácil sentir empatía cuando nos encontramos en el otro. Me remontaste a una lejanía de noches interminables leyendo Rayuela. Una vez. Mil veces. Teniendo más o menos tu edad. Gracias por los recuerdos. Hermoso texto.

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