La primera vez.

Siento la necesidad de escribir esto para recordar la fragilidad humana, pero también la sobre-valoración de las emociones que en el mejor de los casos terminaran en papel y no olvidadas bajo tierra oliendo la esperanza de las flores marchitas.

Fue un miércoles por la tarde, Raquel, cuando resignado a la naturaleza mediocre del momento volvía caminando al departamento de la calle corrientes que te vi.

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