Ningún pibe nace chorro. 

Es que es tan fácil ignorar a quién no tiene voz para gritar.

Como el pibe de catorce que le disparó riendo a un nene de tres años hay muchos, pero muchos más hay, nenes de tres años.  Salvo que no todos tienen tres años, y casi ninguno tiene padre que lo acompañe a ningún lado. A algunos les disparan, a muchos otros les sacan las ganas de vivir. 

Es que tanto les toca ver, que a veces quedan ciegos. Los ciegan y no pueden ver que una vida vale, que una bala mata, que puede haber algo más que esta mierda que les tocó vivir. 

No ven, pero escuchan. Escuchan como a los otros los quieren, como a los otros los cuidan, como los otros nos importan .

“¡Hay que matarlos a todos!” – dice usted, como si éstos no fueran los sobrevivientes. 

La cultura-cartel cansa, es cierto, pero tiene una forma de decir las cosas que te hace imposible mirar para otro lado. 

Ningún pibe nace chorro.

Ningún pibe nace chorro.

Ningún pibe nace chorro.

Pero… ¿sabe usted señor cuántos pibes nacen pobres?

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