Otra forma de ver las cosas.

Parece que las cifras, cuando hablamos de femicidios, ya no impresionan. Escuchamos muy tranquilos cuando nos dicen que matan a una mujer  cada dieciocho horas. Por eso se me ocurrió que había que expresarlo de otra forma, quizás compararlas con algo que nos importe un poco más.

Pensé entonces, que es cómo si, cada veinticuatro horas, se muriera Leonel Messi y una parte de Neymar.

Durante los ocho meses que dura el programa de Tinelli, le hacemos oídos sordos a los gritos desesperados de trescientas veinte víctimas.

Del gran escándalo mediático de Diego Latorre fueron participes dos mujeres. En un año mataron doscientos cuarenta y tres posibles triángulos amorosos.

Si las nombrara a todas, tardaría lo mismo que en recitar los nombres de todos los partici

pantes de gran hermano veinticuatro veces seguidas.

Doscientos cuarenta perritos baleados, doscientos cuarenta y tres gatitos degollados y un par de conejitos tapados por cemento. Todo desde año nuevo hasta navidad.

Imagino la furia en las redes sociales, si por semana nueve paredes apareciesen pintadas con mensajes de lucha colectiva. Ni hablar si en vez de nenas estranguladas, fuesen patrulleros vandalizados con tempera lavable.

Y así podría seguir, pero honestamente, ya no me da el corazón. 

anahi

Ningún pibe nace chorro. 

Es que es tan fácil ignorar a quién no tiene voz para gritar.

Como el pibe de catorce que le disparó riendo a un nene de tres años hay muchos, pero muchos más hay, nenes de tres años.  Salvo que no todos tienen tres años, y casi ninguno tiene padre que lo acompañe a ningún lado. A algunos les disparan, a muchos otros les sacan las ganas de vivir. 

Es que tanto les toca ver, que a veces quedan ciegos. Los ciegan y no pueden ver que una vida vale, que una bala mata, que puede haber algo más que esta mierda que les tocó vivir. 

No ven, pero escuchan. Escuchan como a los otros los quieren, como a los otros los cuidan, como los otros nos importan .

“¡Hay que matarlos a todos!” – dice usted, como si éstos no fueran los sobrevivientes. 

La cultura-cartel cansa, es cierto, pero tiene una forma de decir las cosas que te hace imposible mirar para otro lado. 

Ningún pibe nace chorro.

Ningún pibe nace chorro.

Ningún pibe nace chorro.

Pero… ¿sabe usted señor cuántos pibes nacen pobres?

To some internet stranger.

I haven’t had the chance to meet you, yet I cringe everytime I hear that you can’t leave your bed. I know nothing about you, I don’t know who your friends are or if you even have any.

But I don’t care about them, and to be honest, I’m not even sure if I care ’bout you. All I know is that when I see your messy hair, I wanna brush the pain away. ’cause you’re gorgeous, and passionate, and you deserve to be loved here and now.

How can you not notice, girl? I don’t love you, but I’d love to.

 

Micaela menos.

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Micaela es un nombre que odio. Siempre me pareció que intentaba ser un anagrama de Camila pero que se había quedado corto.

Nunca había tenido una Micaela cerca, hasta hace unos días.

Estuvo cerca mio porque estaba lejos de todo, tan lejos de todos que hizo que pase por alto su nombre.

Micaela.

Micaela García.

Micaela lejos. Micaela sola. Micaela mal acompañada.

Salió a bailar y no volvió. Vimos sus fotos por días en los espacios virtuales más habitados. Nos guardamos su sonrisa y prendimos todos los radares.

Micaela lucha. Micaela sufre. Micaela falta.

-¿Por qué salió?- preguntó alguien y pensé que hablaba del asesino. Hablan de ella. -Que no salga más- digo yo, pero ahora todos saben que hablo de él, porque ella no vuelve.

Micaela muere. La madre llora. El padre también.

Movimiento Evita. La ropa que llevaba puesta. La hora. La pared de la iglesia. La iglesia. Feminista o femenina. El patrullero. Una lista de cosas que importan más que ella.

Micaela otra. Micaela muchas. Micaela menos.

El teléfono suena y no contestan, o contestan y se ríen. A él lo dejamos libre por buen comportamiento, porque aunque violó a tres chicas antes, en la cárcel no mató a nadie. Cambió, pero no tanto.

Micaela más. Micaela todas. Micaela cada dieciocho horas.

Micaela no es Camila pero podría serlo. Podría ser todos los nombres. Y aunque cambies cada micaela de este texto por otro, no te alcanza para darle cara a todas las vidas que perdimos a la violencia de género este año.

Micaela perdón. Perdón. Perdón. Perdón.

Micaela, tenemos tu voz.

Micaela, Señor Juez. Y Daniela también.

Resignación.

Trato de convencerme a mí mismo de que escribo sobre vos porque no quiero olvidarte, pero sé que es mentira. Escribo sobre vos porque sos lo único que fue mal en mi vida. O por lo menos,  lo único que fue mal y no va a ofenderse con mis palabras. Y no es que no quieras, es que no podés.  Es que si algo bueno tiene la muerte, es el silencio.

No sé si estás muerta Raquel, pero hace tiempo no te escucho.