Ahí donde no estás.

lo-que-se-ve

Hoy te vi. Te encontré en la delgada línea que separa lo que no sos y la página que sigue. Mi miraste con lástima, como si supieras que nunca voy a entender lo que tenes para explicarme.

– Sos tanto todo para tan poco tiempo- me dije . Y pensé que si el sol tuviese cara tendría la tuya y que yo sería la luna, imaginándote distante, casi irreal.

Ella no sonreía, así que vos tampoco. Tenían un vestido cuadrille de esos que nos obligan a llorarte con cada mantel, pero eso es culpa nuestra, porque vos siempre dijiste que estabas de paso.

Presté mucho atención a todos los detalles, los muebles del fondo, tu mirada, los papeles en el suelo… pero más que todo me sorprendió verte en blanco y negro, porque estoy acostumbrada a ver en sepia a los muertos.

La foto pertenece al libro "Lo que se ve" de Adriana Lestido. 
http://www.adrianalestido.com.ar/index.php
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El día después.

Encontré esto en las notas de mi celular. Lo comparto porque creo que es mi mejor intento de describir lo que siento cuando no puedo pensar, cuando el mundo se hace chiquitito y me encierra la ansiedad. Espero que ayude a alguien a entender, o en el peor de los casos, que les guste.


Ayer fue de esos días, de los malos, en los que escucho muchas alarmas, risas y aspiradoras. Y me llené de escombros. Porque todo se sacude y caen planes, amigos, sonrisas.

Hoy voy a limpiarme la remera, a hacer volar el polvo de a poco, con soplidos desganados y a obligar mis ojos al agua fría. Voy a practicar frente al espejo y voy a llorar, porque nunca me sale. Frustrada, le voy a decir que estoy bien, resoplando lo suficiente como para evitar preguntas a futuro.

Pero todavía tengo polvo en la espalda. No lo veo, pero sé que está ahí. Y me duele. Y me desespero. Y grito. Y trato de limpiarlo de alguna forma. Y fallo.

Inhalo y exhalo.

Aprieto mi mano como si hubiese otra adentro.

Lloro.

Me seco las lagrimas.

Grito.

Les grito.

Me grito. 

Inhalo y exhalo, y el resto del día empieza a ser normal.

No sé bien cuando me animo a pasar frente al espejo, pero paso. Y me veo la espalda pulcra. Y sonrío porque ahora sé que nunca hubo nada ahí.

La primera vez.

Siento la necesidad de escribir esto para recordar la fragilidad humana, pero también la sobre-valoración de las emociones que en el mejor de los casos terminaran en papel y no olvidadas bajo tierra oliendo la esperanza de las flores marchitas.

Fue un miércoles por la tarde, Raquel, cuando resignado a la naturaleza mediocre del momento volvía caminando al departamento de la calle corrientes que te vi.

El día que te vayas.

Anochece, los artistas se regocijan en las miradas vacías de los transeúntes que ya ni levantan los pies al caminar, y yo te miro. Te miro, Raquel, porque esa sonrisa esconde algo y también porque me gustaría poder sacarte mil fotos y guardarlas hasta el día que te vayas. Y quemarlas, una por una, después del alba, recordándome a mí mismo que al amor lo inventó un poeta.

If you were a grape, what color grape would you be?

If you were a grape,

what color grape would you be?

Would you be sweet, sedless and green?

Or would your red-wine-bitterness rip my heart out

and leave it at the front door?

 

If you panic and paint yourself  green

I’ll be crying every night, trying to remember his smile

If you panic and paint yourself  green

The kitchen will drown in screams again.

 

And I know that you don’t want to invade yourself

with the evil that comes with the red

But quiet is all I want

Even if that means death.

 

Please don’t listen to me

After all

I’m young

I’m scared

And I need to heal

But so does he.

 

 

If I had to guess, I’d say she has thirty three freckles on her face.

If I had to guess

I’d say she has thirty three freckles on her face

And the way she smiles

Makes it easier to see them all.

 

If I had to guess

I’d say she has thirty three freckles on her face

And if she was a song

She’d be played by Ed Sheeran.

 

And I know she sees the world differently

In a way I cannot understand

And I know she says she hates violence

But I don’t think she’s capable of hate.

 

I traveled the world to be here tonight

But it wasn’t easy for her either

Or so I heard

When she sang her heart out while sitting on the cold floor.

 

If I had to guess

I’d say she has thirty three freckles on her face

Because she says ‘bless you’ when someone sneezes

Even if no one can hear.

 

If I had to guess

I’d say she has thirty three freckles on her face.

I’ve never count them

But I don’t really have to.

Enamorada de un muerto.

Hoy me encontré ante la desesperada necesidad de hacer algo diferente, un poco alejado de mi costado literario (aunque no tanto porque, literario o no, es mío)

Todas las mañanas, entre el café y el jugo de naranja pienso en mí. Esos minutos en los que dejo descansar a mi estomago, antes de hacerlo caer en la trampa mortal del acidez, despierto mi cerebro pensando, casi siempre, en mis primeras veces. Las pienso con cuidado, porque tengo 17 y muchas todavía siguen frescas.

Esta mañana, fue el turno de mi primer amor. Sobrevolé rápido la isla desierta del romanticismo, un poco más lejos vi los ojos de mamá, saludé con un poco de nostalgia a mi primera mascota y finalmente aterrice en la literatura.

Los primeros años de mí vida, leí porque era fácil y porque me daba una excusa para estar sola, pero más que nada porque había escuchado que la gente que leía era inteligente. Empece a juntar plata para comprar las ediciones alfaguara, que en ese momento salían $32 en mi librería favorita, y los devoraba en una noche. Mi favorito era Chaucha y Palito de María Elena Walsh, que fue algo así como una tercera abuela lejana, que en vez de traerme caramelos o lapices de colores, me traía historias.
Pero fui creciendo, y empece a  comprar caramelos sola, y también a buscar mis propias historias. Y fue ahí que lo conocí.

Estaba en un libro finito, chiquito, en una de esas ediciones baratas, de colegio público, esas con portadas horribles que poco tienen que ver con el contenido, pero estaba aburrida en una de mis clases de literatura y mi profesora me lo dejó disimuladamente arriba del escritorio.

Por un par de horas no me moví de la silla, ni siquiera para salir al recreo, y con cada palabra lo único que podía pensar era como el mismo mundo en el que yo vivía, había sido la casa de una mente tan brillante, que con tan poco podía crear un mundo irracionalmente fantástico. Y me dio bronca. Bronca de no haber sido yo la autora de esas palabras cotidianas y llenas de polvo, que de alguna manera empezaban a brillar.

Cuando llegué a casa esperé a mamá, eterna enamorada de García Marquez, y le conté de mi descubrimiento con los ojos bien abiertos. Me encontré con una mirada de orgullo mezclado con un poco de condescendencia. Así, me señaló la mesa del siempre apagado televisor, que funciona más como biblioteca, y me dí cuenta que siempre había estado ahí.

“Julio Cortázar. Cuentos Completos. Parte 1”

¿Cuántas veces había visto ese simpatico y mortal cigarrillo prendiendo de su boca? ¿Cómo podía ser que nunca hubiese reparado en esa mirada que ahora no podía dejar de ver?

Me hubiera gustado que eso hubiese sido todo por el día, que sólo fuese alguien más para leer los domingos aburridos. Pero esa noche mamá sacó la tabla, la plancha, prendió la computadora y puso en YouTube: “Cortázar lee a Cortázar”. Y desde el primerísimo de los segundos, estoy enamorada de un hombre muerto.